Diálogos Lefebvristas, Tomistas y Exorcísticos - Secunda Pars (2/4)
Diálogo entre Lefebvre, P. Amorth y P. Royo Marín O.P. - Secunda Pars
Nota Praevia: Ninguno de estos diálogos ocurrió en verdad.
LEFEBVRE: ¿Ustedes son Modernistas?
P. AMORTH: Yo he jurado el juramento antimodernista de San Pío X, a la vieja usanza. Es una pena que ya no se siga haciendo. Espero eso le diga algo. De cualquier modo, siempre ruego a Nuestro Señor que no permita que caiga en las herejías, especialmente las dominantes.
P. ROYO MARÍN: Yo también he hecho ese juramento. Desprecio el modernismo, aunque algunos dicen que mi teología es algo progresista en algunos puntos. Yo siempre trato de transmitir lo que la tradición teológica ha dicho constantemente y con cierta unanimidad. Reconozco que alguna vez pude haber sido algo progresista en algún punto, pero no ha sido a conciencia. Ruego a cualquiera que vea esto que me lo haga saber.
LEFEBVRE: Un juramento habla, pero no lo suficiente. ¿Qué opinan de la Misa Nueva de Pablo VI?
P. AMORTH: A mí me gustaba más la otra. Incluso el antiguo ritual de exorcismos me parecía mejor. Algunos dicen que el latín es más eficaz para expulsar los demonios. Yo no estoy seguro, pues los míos siempre funcionan aunque los diga en latín o italiano. Pero, volviendo a la Misa, no veo ningún cambio substancial entre la antigua y la nueva Misa. Reconozco que me gusta más el antiguo Ofertorio, el de la Misa preconciliar. Hablaba más explícitamente de sacrificio propiciatorio. Pero era en silencio y el pueblo a veces ni sabía lo que pasaba. De todas maneras, en el Novus Ordo Missae también hay elementos explícitamente sacrificiales, en su sentido propiciatorio, solo que algunas de las oraciones son, por decirlo de algún modo, más “suaves”. Seguro el P. Royo Marín podrá hablar con más propiedad.
P. ROYO MARÍN: A mí también me gustaba más la Misa Antigua. Pero creo que a los fieles puede servirles la Misa Nueva. Ya saben: la lengua vernácula, la disminución de algunos gestos rituales. Digamos que la Misa ahora es un poco más simple. Pero, en suma, no creo que haya una gran diferencia entre los dos ritos, siempre y cuando se celebren de acuerdo a las rúbricas y lo que manda el Magisterio.
LEFEBVRE: Dan testimonio de cómo el pensamiento modernista se ha infiltrado incluso en los espíritus más sabios. De todas maneras, no puedo negar vuestra autoridad y el valor de esta conversación. Y además tengo reservas sobre lo que hemos estado discutiendo. Todavía sigo pensando que la supresión de Pablo VI no valió nada.
P. ROYO MARÍN: Monseñor, no quiero ser crudo, pero debo preguntarle: ¿Acaso el Papa Clemente XIV pudo suprimir legalmente la Compañía de Jesús fundada por el Santo de Loyola, y Ud. me dice que el Papa Pablo VI no pudo haber suprimido una Unión Pía ad experimentum con fecha de vencimiento en 5 o 6 años? Además ya le dije que, incluso si Ud. tuviera razón, su Unión Pía habría perecido al poco tiempo.
LEFEBVRE: Creo que ustedes no entienden la crisis de la Iglesia. Si fueran conscientes de la crisis de la Iglesia, seguro estarían a mi favor, luchando conmigo por la Tradición.
P. AMORTH: Monseñor, yo no sé si entiendo o no la crisis de la Iglesia. Solo trato de expulsar demonios y purificar las almas, y ciertamente veo una crisis. De hecho, entre los exorcistas siempre decimos que es más difícil expulsar a los demonios ahora que cuando éramos meros aprendices de exorcistas. Antes con uno, dos o tres exorcismos los demonios se iban. Ahora algunos afectados tardan años en liberarse. Pensamos que eso se debe ciertamente a un empobrecimiento espiritual del Cuerpo Místico de Cristo, que hace que nuestras oraciones sean menos eficaces. Es el Misterio de la Comunión de los Santos. Nuestra mucha o poca santidad influye en la vida de los prójimos de modo misterioso. Le digo esto solo para poner solo un ejemplo de que vemos la crisis. El problema es que también vemos que Ud. no tiene misión. San Pablo dice: ¿Cómo predicarán si no han sido enviados? Yo jamás he visto un misionero o un apóstol sin misión. Mire, yo soy un simple sacerdote. Pero no entiendo como puede haber una orden religiosa que no haya sido enviada por la Iglesia.
LEFEBVRE: Nosotros no somos una orden religiosa: somos una Fraternidad Sacerdotal.
P. AMORTH: Eso es, una Fraternidad Sacerdotal. Qué bueno que lo menciona, pues me hace acordar a lo que estuvimos leyendo hace un rato con el P. Royo Marín. Verá, queríamos estar al tanto de su situación entonces decidimos leer los Estatutos originales de la FSSPX. Lo que quería decirle es que no solo me sorprende que operen sin misión, sino que me sorprende que operen en casi todo el mundo sin misión, incluso cuando sus propios estatutos dicen que su zona de operación es Friburgo en Suiza. Yo no entiendo tanto de Teología y de Derecho Canónico, pero debo decir que me preocupa el tema de la autoridad desde el punto de vista Demonológico. Para cualquier exorcista serio, una orden que operase en todo el mundo sin tener autoridad canónica para hacerlo sería algo peligrosísimo.
LEFEBVRE: No somos una orden.
P. AMORTH: Perdón, quise decir Fraternidad. Es que su modus operandi universal me confunde y me hace pensar en una orden a nivel mundial. Mi propia confusión es signo del problema.
LEFEBVRE: Esos Estatutos están viejos y las cosas han cambiado. El problema aquí es que las almas necesitan sacerdotes y nosotros sólo estamos respondiendo a la necesidad del momento.
P. ROYO MARÍN: Con todo respeto, Monseñor, pero nadie necesita de sacerdotes sin misión. Mucho menos cuando ya existen sacerdotes católicos legítimamente enviados en todos los continentes del mundo. Ahora que lo pienso, creo haber olvidado decirle algo sobre la teología de la misión. Es algo importante. Entiendo si ya está algo cansado pero…
LEFEBVRE: ¡Otra vez con el maldito tema de la misión! ¡No aguanto más este legalismo! ¡Yo solo quiero salvar almas, por el amor del Redentor!
…
Disculpen, hermanos. Disculpen. Es que, ya saben, todo esto de estar en contra de la autoridad es muy cansador. Adelante, P. Royo Marín, diga lo que tenga que decir.
P. ROYO MARÍN: No se preocupe, Monseñor. Lo comprendemos. Para nosotros es un honor estar aquí con Ud. hoy. Quiero confesarle que lo que me resta advertirle sobre la teología de la misión… digamos que…pues, esto tampoco le juega a su favor. ¿Quiere escucharlo de igual modo?
LEFEBVRE: Soy un hombre de Cristo y Cristo es la Verdad. Así que adelante, por favor. Le estaré agradecido. Ya lo estoy, de hecho.
P. ROYO MARÍN: Muy bien, pues. Este es un punto muy importante en el cual los antiguos teólogos han insistido mucho. Creo que incluso fue el Papa Inocencio III quien habló de esto, entre muchos otros. El punto es el siguiente: los antiguos teólogos fueron muy inteligentes al advertir que todos estos pseudoprofetas que decían tener una misión extraordinaria, al mismo tiempo que decían esto, actuaban en contra de las legítimas autoridades de la Iglesia Católica. Entonces, ¿qué señalaron los teólogos de la misión sobre este punto? Ellos, al exponer esta doctrina que estuvimos conversando, advirtieron con mucha prudencia que la verdadera y auténtica misión extraordinaria NUNCA va separada de la misión ordinaria de la Iglesia Católica. Y digo más: estos teólogos hablaban de que la misión extraordinaria era un instrumento de Cristo para obrar en verdaderos estados de necesidad. Decían que los que eran enviados de modo extraordinario por el mismo Cristo eran auténticos colaboradores de la legítima autoridad y siempre actuaban bajo su obediencia.
LEFEBVRE: ¡Interesante! ¿Quiénes son estos antiguos teólogos?
P. ROYO MARÍN: Bien: el tema de la comunión con la legitima autoridad aparece muy frecuentemente en los Padres de la Iglesia. El tema de la doctrina de la misión ordinaria y extraordinaria, como le decía, aparece en algunos escritos de Inocencio III y de modo muy especial en la teología apologética del Doctor Ecclesiae San Francisco de Sales, en sus escritos sobre La controversia Católica, contra los Protestantes que operaban sin misión. Le recomiendo el estudio de estos escritos. San Francisco los diseñaba en forma de panfletos que repartía por las casas protestantes y así, mediante este apostolado intelectual, logró la conversión de muchos herejes. Luego están los manualistas, como Van Noort, Billot, Berry, y otros. Todos preconciliares.
LEFEBVRE: ¡Cómo no! ¡Los manualistas! Sí, claro que los conozco. Tenemos sus libros en nuestros seminarios. Yo mismo hace un tiempo di una conferencia a mis seminaristas donde les advertía de los peligros de la nueva teología y les decía, para transmitirles seguridad, que siempre confíen en los libros de nuestras bibliotecas, que allí encontrarían la doctrina de la Iglesia. ¡Los manualistas! ¡Qué emoción! ¡Qué entusiasmo! Perdone, Padre: ¿en qué estábamos? Creo que me emocioné por demás recordando la antigua teología.
P. ROYO MARÍN: Le decía que el que ha sido enviado directamente por Cristo, según la teología tradicional, y la experiencia de la Iglesia en su historia, NUNCA va separado de la misión ordinaria de la Iglesia Católica.
LEFEBVRE: ¡Evidente! ¡Clarísimo!
P. ROYO MARÍN: Y lo que ocurre con Ud. y con la FSSPX es que, además de que no tienen ningún signo de misión extraordinaria, y de que ustedes mismos dicen que tampoco tienen una misión ordinaria, de modo que, como decía el P. Amorth, no tienen ninguna misión en absoluto, pero no obstante operan como si tuvieran una super-misión habilitante para operar en todo el orbe, atrayendo la influencia de los demonios y obrando de modo evidente contra la recta razón de la prudencia más sencilla y de cualquier hombre normal…
LEFEBVRE: Espere un momento. Tenga un poco más de respeto.
P. ROYO MARÍN: Disculpe, solo quiero ser objetivo. A lo que iba es que, además de que ustedes no tienen misión, como creo que ya hemos acordado, encima operan explícitamente en contra de absolutamente todo Católico que no sea de la FSSPX. Yo no sé, sinceramente, si ha habido un caso semejante en la historia de la Iglesia.
LEFEBVRE: Ah, sí, eso es cierto. Nosotros somos los únicos que estamos guardando la Tradición. Si no, ni siquiera habría fundado la Fraternidad. Ni habría ordenado sacerdotes contra la voluntad del Papa durante los últimos quince años, ni hubiera consagrado cuatro Obispos contra la expresa voluntad del Papa Juan Pablo II. En eso no hay nada que esconder. Yo mismo lo dije en una de mis conferencias. Nosotros, y no la Iglesia jerárquica, somos los únicos que poseemos las cuatro notas de la verdadera Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica.
P. AMORTH: JAJAJA
…
P. AMORTH: Disculpe, Monseñor: ¿estaba hablando en serio? Pensé que era una broma. ¿Acaso Ud., P. Royo Marín, no pensó también que se trataba de una broma?
P. ROYO MARÍN: Yo… eh… no sé qué pensar.
LEFEBVRE: ¡Nada de esto es ninguna broma! Ya lo dije y lo seguiré diciendo: La FSSPX es la única que tiene las 4 notas de la Iglesia Verdadera.
P. AMORTH: ¿O sea que Ud. adhiere al Vaticano II, después de todo?
LEFEBVRE: Padre, por favor, no bromee conmigo. No sé de qué está hablando. Jamás aceptaremos a semejante conciliábulo.
P. AMORTH: No estoy bromeando. Hablo en serio. Usted lo dijo. Usted habló en los mismos términos del Concilio Vaticano II.
LEFEBVRE: Por el Amor del Redentor, ¿de qué está Ud. hablando?
P. AMORTH: Ud. lo ha dicho, Monseñor. ¿No es cierto que lo ha dicho, P. Royo Marín?
P. ROYO MARÍN: Si te refieres a lo que estoy pensando, creo que tienes razón en decir que Monseñor adhiere al Concilio. ¿Acaso te refieres a aquella sentencia de Lumen Gentium, P. Amorth?
P. AMORTH: Así es. No sé si esto es bueno o malo.
LEFEBVRE: ¿Me pueden explicar de qué rayos están hablando?
P. AMORTH: Dígalo, Monseñor, dígalo de nuevo.
LEFEBVRE: ¿Qué cosa?
P. AMORTH: Lo de la Fraternidad y las marcas de la Iglesia.
LEFEBVRE: Ya lo dije dos veces, y lo diré una tercera. La Fraternidad Sacerdotal San Pío X es la única que conserva las 4 notas de la verdadera Iglesia de Cristo.
P. AMORTH: Ahora estoy cierto de que he escuchado bien. ¿Ud. está diciendo que la Iglesia de Cristo subsiste en la FSSPX?
LEFEBVRE: ¡¿Qué cosa?! ¡¡¡Yo jamás diría eso!!!
P. ROYO MARÍN: Pero lo acaba de decir, Monseñor, en otras palabras. La misma verdad puede decirse con palabras distintas, pues las palabras son signos de los conceptos, y los conceptos son signos de las cosas. Y pueden haber muchas palabras para una misma cosa. Todo esto lo enseña Santo Tomás en sus Comentarios a las Obras Lógicas de Aristóteles.
LEFEBVRE: Estoy confundido. Usted es tomista. Pero es aficionado de la Nueva Misa. Pero no es modernista. ¿Usted qué es? ¿Qué son ustedes? ¿Quiénes son ustedes?
P. AMORTH: Yo solo soy un pobre sacerdote que lucha contra el Infierno.
P. ROYO MARÍN: Y yo solo un pobre sacerdote divulgador de la sana teología tomista. Y en nombre de la sana teología tomista y preconciliar debo decirle que la FSSPX no solo no tiene las 4 notas de la verdadera Iglesia, sino que no tiene ninguna. Y esto se lo puedo explicar de modo teológico.
LEFEBVRE: No puedo creer lo que estoy escuchando. Pero no obstante debo escuchar todo lo que tiene para decir. Solamente les diré de antemano que sabía desde antes de venir que no tenía que hacerlo. ¡Sabía que eran modernistas encubiertos! ¡Lo sabía! Pero adelante, P. Royo Marín: justifique su sentencia.
Continuará…
Merus Catholicus
AMDG
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