González Pondal se Quemó en el Incendio

Réplica a “Un Gran Incendio”, de Tomás Ignacio González Pondal

        Dice atrevidamente González Pondal (GP) que “quiso la Divina Providencia que en nuestros días aparezca especialmente un hombre que hizo defensa del orden anterior y señaló el fuego que ardía dentro como así también a quienes lo alimentaron. Ese hombre llegó a ser un santo obispo: Su nombre: Marcel Lefebvre” (Un Gran Incendio [UGI], p. 8).


Respondemos: si habla de Marcel Lefebvre, habla de un obispo que:

  1. ordenó cuatro obispos contra el expreso mandato pontificio de no hacerlo, creando así una iglesia paralela de facto con cuatro papas, con una jerarquía aparte, sin ninguna jurisdicción ni misión, de donde se desprende:

  1. Sacramentos de confesión y matrimonio inválidos por décadas: es decir, una fábrica de concubinatos fornicarios y de no-absolución de pecados, idest, sacrilegios a mansalva

  2. Un divisionismo sectario ad infinitum, pues cada uno de esos Obispos, al no estar en unión jerárquica con la Divina Jerarquía de la Única Iglesia, puede ordenar más obispos y fundar más “iglesias” (sectas) a propio gusto.

  3. Una fábrica de herejías ad infinitum, pues al no haber un Magisterio Vivo de la Iglesia al cual acatar, no hay ningún garante objetivo de la sana doctrina, ¿o le van a pedir a San Pío X que lance anatemas desde la tumba o desde la visión beatífica? Esto ya se comprueba de facto, en la exposición de los innumerables errores lefebvristas expuestos por el P. Highton OSE. Y habrá más, pues por cada alma sin Magisterio Vivo, hay un potencial hereje.

2) se autoexcomulgó y murió excomulgado.


Concluimos: gracias a Dios y a la Divina Providencia Lefebvre se autoexcomulgó (excomunión automática). Lo de “santo” y “querido por la Divina Providencia” lo consideramos un insulto a la Santidad de Dios y de Sus Santos, que jamás va a mover a una voluntad perversa a obrar de modo perverso, idest, al modo lefebvrista. De modo que le pedimos a GP que pida perdón por su pecado de tomar el Santo Nombre de Dios en vano y poner en el querer de Su Infalible Providencia el pecado, cosa abominable y digna de condena.


    Afirma GP que para entender a Lefebvre hay que entender bien la crisis de la Iglesia (p. 10).


Respondemos: pone GP de manifiesto el gnosticismo ocultista lefebvriano. Siempre que uno saque a la luz los frutos amargos del lefebvrismo, ellos se defenderán diciéndonos que todavía no somos unos iluminados en el misterio de la crisis de la Iglesia. Nos toman el pelo. ¿Acaso no es parte de la funesta crisis eclesial 50 años de confesiones y matrimonios inválidos, sectas que proliferan cada día, plantando altares contra los legítimos altares católicos, difundiendo doctrinas heterodoxas con apariencia de tradición, fundando sus propios códigos de derecho canónico, jugando al “amigo imaginario canónico”, pues tales pseudocódigos no son más que ilusiones y al mismo tiempo insultos contra el Poder Regio de Jesucristo delegado a Sus legítimos ministros? No sigamos. Bueno, sigamos con una cita de GP donde pone de manifiesto su carácter de alumbrado: (p. 12) “por mi parte, explayaré cuanto quiera sobre esas cuestiones que él (Highton) dejó de lado y que constituyen, como se verá, el talón de Aquiles para entender la crisis de la Iglesia en general y a Monseñor Lefebvre y su Fraternidad en particular”. Gracias, GP, por su generosidad ilustrada, pero no nos comemos su cuento de secreto masónico de que “hay que entender bien la crisis de la Iglesia para entender el lefebvrismo”. Patrañas. Para entender el lefebvrismo hay que tener dos dedos de frente y darse cuenta que aceptarlo es destruir la fe católica sobre la verdadera Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, junto con su Indefectibilidad, Divino Gobierno, Unidad, etc.


    Dice GP que el P. Highton niega la crisis de la Iglesia, lo dice en todo el libro.


            Respondemos: el P. Highton predica a tiempo y a destiempo sobre la necesidad de vivir una vida de santidad para combatir los delirios eclesiásticos actuales, entre los cuales se halla el lefebvrismo. Lo que desconoce con justicia el P. Highton es aceptar una “crisis de la Iglesia” que supuestamente exija con justicia fundar una iglesia paralela. El P. Highton rechaza eso porque aceptarlo sería dejar de creer en la fe católica, en la Iglesia y en los Sacramentos, en su propio ministerio y en su propia vocación. En suma, GP le pide al P. Highton que crea en el lefebvrismo, “único arca de salvación”, al decir de uno de sus sacerdotes, y único que mantiene las notas de la verdadera Iglesia, al decir de su desordenadamente venerado -por no decir idolatrado- fundador.

Lo que no entiende GP es que Highton no niega la crisis, sino que la acepta, y también nosotros la aceptamos y la deploramos; y tampoco entiende que por más crisis que haya, jamás destruiremos con él la Unidad Jerárquica de la Santa Iglesia. GP: no nos pida apostasía o cisma, por favor. Inducir al pecado mortal también es pecado mortal.


Dice GP que Highton no habla de los temas escandalosos de la Iglesia post-conciliar (en todo su “libro), y que esto es inadmisible.


Respondemos: sí lo hace y de hecho cita la Pascendi (GP, lea bien el libro), pero a pesar de esto, afirmamos que no hace falta mencionarlo. Se trata de desmontar el sectarismo y la heterodoxia tradicionalista. ¿Por qué habría que hablar del progresismo? Sencillamente no es el tópico. Más aún, el factum lefebvrista es síntoma del modernismo actual y de cómo el modernismo “ordinario” deviene en sectarismo si no es combatido con sentido común y virtud heroica. De refutar al P. Highton, por ahora nada… No entiende GP que por más incendiada que esté la casa, y por más tinta y tiempo que gastemos en describir ese incendio, a piacere, el lefebvrismo no queda justificado: en efecto, la operación mundial sin jurisdicción ni misión nunca está justificada. Solo se justificaría si la FSSPX fuera el arca de salvación, lo cual implica decir que la Iglesia defeccionó, lo cual es herético. Pero eso piensan y/o dicen los lefebvristas. Hagan, pues, las matemáticas…


Se pregunta GP de donde le viene la misión a los modernistas.


Respondemos: de la Santa Iglesia Católica. Preferimos herejes con misión que herejes sin misión, aunque mejor que no haya ninguna de las dos.


GP pone una cita de San Atanasio sin dar referencias (p. 18).


Respondemos: ponga por favor la referencia, y gracias por la cita en caso de que sea verdadera. Muy bella retórica la del Doctor de la Iglesia, mas no viene a cuento. Tampoco justifica misionar por todo el mundo predicando contra los Sacramentos Católicos sin tener missio ni iurisdictio. Aplaudimos de todas maneras el intento.


            GP trata de refutar la refutación canónica que Highton hace del “progresismo canónico lefebvrista” sin darse cuenta de que el P. Highton no hace sino parafrasear al canonista P. Reyes Vizcaíno, que se limita a explicar la doctrina canónica tradicional sobre los puntos de derecho de los que la FSSPX quiere abusar: estado de necesidad y jurisdicción supletoria.


Respondemos: la tradición canónica es lo que es, mal que le pese a GP y a los lefebvristas, y la realidad canónica es una, no manipulable a piacere, como hace la FSSPX con las doctrinas aludidas, acomodándolas a su amisionismo gnóstico sectario mundial. A fin de cuentas, como la FSSPX sabe que su ministerio es sacrílego por ser ilícito, busca respaldarse en el Código de Derecho Canónico (nos preguntamos para qué se respaldan en el CIC si después ellos inventan un pseudocódigo lefebvrista y prohiben a sus pobres “feligreses” asistir a tribunales de la “Iglesia Conciliar” bajo juramento por los Santos Evangelios [sic]), y como no pueden hacerlo, porque el Derecho Canónico no está al servicio de las sectas divisionistas ni de las iglesias paralelas, toman con el “principio del collage” los cánones que les caen simpáticos -aunque en el fondo juegan en su contra- y los adaptan a su propio modus operandi. Pocas veces hemos visto semejante esquizofrenia, por llamarla de alguna manera -pues lo que vemos es tan delirante que no sabemos ni cómo catalogarlo-.


Dice GP que al pobre Lefebvre se lo sancionó injustamente (p. 35).


Respondemos: la pena canónica más grave en que incurrió Lefebvre fue automática, se la auto-infligió. Incluso SJPII le advirtió con un monitum que si procedía a consagrar obispos quedaría auto-excomulgado. Por favor, no venga a llorar como niña, GP. Hágase responsable de los actos indecentes que Lefebvre realizó con deliberado consentimiento.


Luego GP trata de suavizar el acto de Lefebvre (p. 36), diciendo que actuó “por necesidad” (CIC 1323), no dándose cuenta de que con ello no hace sino aceptar implícitamente que tal acto fue perverso y desordenado (p. 36). Más aún, no hace ningún comentario sobre el “pero” del canon: “a no ser que el acto fuera intrínsecamente malo o redundase en daño de las almas”. Aquí el CIC sale en defensa de la Unidad de la Iglesia, pues el acto lefebvriano termina en el sectarismo y en sacramentos inválidos, lo cual es ciertamente “intrínsecamente malo” y un “daño para las almas”.


Luego cita GP el Antiguo Código (que ya no rige) y tampoco repara en su condicional: “si se trata de leyes meramente eclesiásticas”, esto es, se puede justificar un “delito” en caso de “necesidad”.


Respondemos: no comprende GP que la necesidad de misión y jurisdicción es de iure divino, no de iure ecclesiatico. La missio y la iurisdictio de los legítimos ministros católicos viene del mismo Cristo a través de Sus legítimos Sucesores. No repara GP en que no hacen falta medios puramente humanos, y menos aún perversos, para tratar de resolver cuestiones que tocan al derecho divino. Dejemos que el Señor se ocupe por medio de sus ministros legítimos, como ya lo hace. Por supuesto que si no se tiene fe en la Iglesia, como parece ser el caso de los lefebvristas, esto no será tenido en cuenta. Insistimos, por más “estado de necesidad generalizado”, nos consta que la Iglesia tiene ministros católicos en todos los continentes y que el ministerio ilícito de la FSSPX es absolutamente innecesario, mal que les pese. Y añadimos como comentario: GP, San Vicente de Lerins no es Doctor Ecclesiae (p. 40)


GP manifiesta su alumbradismo lefebvrista al afirmar sin tapujos (p. 47) que “fue gracias a Monseñor Lefebvre que se defendió la Tradición Católica en la Iglesia”. Nos hace reír GP, y al mismo tiempo nos preocupa. Nos hace reir porque en 500 páginas Highton ha documentado los innumerables errores doctrinales anti-Tradicionales de Lefebvre y la FSSPX, y nos preocupa porque GP parece manifestar una cierta fides en Lefebvre. El lefebvrista tiene dos Mesías: Cristo y Lefebvre. Tienen otra fe: la fe lefebvrista, y por ello tendrán que hacer penitencia y convertirse. GP critica a Highton por citar las nefastas palabras pseudomesiánicas de Lefebvre, diciendo que están sacadas de contexto. Venga, oh GP, a introducirnos en la ciencia del contexto, en la ciencia de la crisis, para que comprendamos al insigne santo francés y su obra de salvación de la Iglesia. Nos hacen perder el tiempo…


Más alumbradismo sectario de GP: (p. 48) “la verdad es que el sacerdocio en la integridad católica se hayan en los sacerdotes de la Fraternidad”. Muy íntegros no son que digamos, pues no tienen misión, no los envió nadie. Y por eso algunos de sus sacramentos son sacrílegos y ordinariamente inválidos.


Critica GP (p. 56) a Highton por su humilde intento de ser tomista. ¿Qué pretende, que intente ser modernista? Ya a esta altura no podemos creer los delirios con que tenemos que “enfrentarnos”. Con razón GP pide “paciencia al lector” (p. 58).


Dice GP que “jamás Monseñor Lefebvre ni la Fraternidad ha dicho que quien acepte Vaticano II es un hereje”.


Respondemos que el mismo lefebvrista GP no sabe ni lo que su propia religión profesa, puesto que en todas partes en las publicaciones de las páginas oficiales se asocia el término de “herejía” con el de “Vaticano II”, y porque la FSSPX siempre ha fundamentado especulativamente su entero ministerio ilegal en el “factum” de que el CVII y la Misa Nueva son malas. En efecto, es casi lo único que hace GP en su pésima “réplica” al P. Highton. En vez de refutar las verdades escandalosas sobre la secta lefebvrista, que son irrefutables (sacramentos sacrílegos, ilícitos e inválidos, sectarismo divisionista ad infinitum, doctrina contraria a la teología tradicional, ministerio sin misión, etc.), lo cual sencillamente no se puede refutar, el “apologista” de Lefebvre nos hace perder el tiempo contándonos sobre el drama del Vaticano II, tratando de hacernos penetrar en los misteriosos arcanos de la Crisis de la Iglesia. Más patrañas.


GP critica a Highton por citar las herejías lefebvristas. A esto no respondemos porque estamos estupefactos (p. 76). El mismo GP afirma el cuento chino de las dos Iglesias al tratar de defender a Lefebvre diciendo que él no la afirmó…


Bueno, lo dejamos acá. La verdad es que GP nos aburrió. Esperábamos más. Si alguien encuentra algo interesante en las otras 100 páginas del libro, nos avisa. Tenemos que ir a rezar y abandonar los "cuentos de viejas" (1 Tim. 4, 7). Si Dios quiere la seguimos en una Secunda Pars. Pero no creemos que Dios quiera. Hasta un abrazo.

AMDG

Merus Catholicus

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