Diálogos Lefebvristas, Tomistas y Exorcísticos - Quarta Pars (4/4)
Diálogo entre Lefebvre, P. Amorth y P. Royo Marín - 4ta Parte (y última)
Nota Praevia: Este diálogo no existió in rerum natura.
P. ROYO MARÍN: Monseñor: tenga la caridad de decirme qué es lo que le preocupa del Concilio Vaticano II.
LEFEBVRE: Pues me preocupa que es herético: ¡tiene doctrinas falsas, masónicas, liberales, anticatólicas, modernistas!
P. ROYO MARÍN: ¿Cuáles?
LEFEBVRE: Son tres, como mínimo: las doctrinas del ecumenismo, de la libertad religiosa y de la colegialidad. Son tres doctrinas masónicas: fraternidad ecuménica, liberalismo religioso e igualdad colegial.
P. AMORTH: Ya veo. O sea que es un Concilio satánico, según dice.
P. ROYO MARÍN: Bueno, aceptemos por un momento que es un Concilio satánico y masón.
P. AMORTH: ¿Cómo dice? Yo no aceptaré eso.
P. ROYO MARÍN: Yo tampoco lo acepto, Padre. Pero hagámoslo por el argumento. Lo que quiero decir es que, incluso si fuera un Concilio herético, y todo lo que Monseñor dice, eso no le daría misión a la FSSPX. Es decir, la FSSPX seguiría siendo cismática.
LEFEBVRE: ¿Pero entonces quién se encargaría de mantener la ortodoxia doctrinal?
P. ROYO MARÍN: Utilicemos la vía de negación: evidentemente, no podría encargarse de hacerlo un grupo sin misión católica, un grupo que no existe en la Iglesia Católica, que no forma parte de ella. Debería encargarse de hacerlo la Iglesia Católica. Y si Ud. dice que ella no puede hacerlo porque cayó en la herejía, entonces estaría diciendo que la Iglesia Verdadera defeccionó.
LEFEBVRE: No, porque nosotros la continuamos.
P. AMORTH: Pero Monseñor, ya vimos que ustedes no cumplen ninguno de los requisitos de la Verdadera Iglesia.
P. ROYO MARÍN: “Marcas”, Gabriele, si quieres hablar en sentido estricto.
LEFEBVRE: Sí, tienes razón. Nosotros no somos la Iglesia. Pero, entonces, ¿cómo salvarla?
P. ROYO MARÍN: Si el caso fuera el que estamos admitiendo, a saber, que la Iglesia Verdadera está enseñando universalmente el error y la herejía por todo el mundo, y que ya lleva dos décadas haciéndolo… si ese fuera el caso, digo, creo que habría que decir que la Iglesia defeccionó. O bien esperar a que se corrija, pero por vías Católicas y no cismáticas.
P. AMORTH: ¡Eso es! ¡Confiar en la Divina Providencia! ¡El Señor Jesús es la Cabeza de la Iglesia! ¡Él es el Capitán de la Barca!
LEFEBVRE: Ya veo. Entonces de ese modo tampoco tenemos autoridad para ir por todo el mundo haciendo lo que nos plazca.
P. AMORTH: Efectivamente. Solo alguien que hubiera perdido la cabeza o la fe en la Iglesia o en Dios haría algo así.
LEFEBVRE: ¿Ud. está diciendo que yo he perdido la cabeza? ¿O que no tengo fe?
P. AMORTH: Yo no dije eso, Monseñor. Y tampoco lo digo. Creo que alguien como Ud., que acepta el Concilio Vaticano II, no podría no tener fe, pues el Concilio expresa la fe de la Iglesia por todas partes. Quiero decir, habla de Cristo, de la Santísima Trinidad, de la Redención, etc. De todos los dogmas.
LEFEBVRE: Es verdad. Pero también añade doctrinas nuevas. ¡Además yo no acepto ese concilio!
P. AMORTH: Sí que lo hace, Monseñor.
P. ROYO MARÍN: Aguarde, Gabriele. No provoque a Monseñor.
P. AMORTH: No lo estoy provocando, solo digo lo que él mismo dice.
LEFEBVRE: ¿Pero de qué está hablando? ¿Acaso Ud. se ha vuelto loco?
P. ROYO MARÍN: P. Amorth, ve a traer más agua. Paz, hermanos. Ya se explicará el P. Gabriele. Pero antes déjeme decirle algo sobre el Concilio, Monseñor. Usted tiene derecho a guardar reserva sobre las doctrinas no definitivas del Concilio. Precisamente, las doctrinas que Ud. menciona, no parecen ser definitivas: el ecumenismo, la libertad religiosa. En cuanto a la Colegialidad, eso sí parece ser definitivo, aunque no se expresa con ese lenguaje. De todos modos, esa doctrina es bíblica y es enseñada por muchos teólogos preconciliares, y me refiero incluso a los manuales que Ud. dice tener en sus seminarios. Todos los autores preconciliares que he visto enseñan la doctrina de la Colegialidad. Incluso el P. Billot dice que es un “manifiesto dogma” de la Iglesia. Pero vamos, que no hace falta tanta erudición. Ya el Señor lo dijo en Mateo 20: dio las llaves a Pedro pero el poder de atar y desatar a todo el Colegio Apostólico. Eso es lo mismo que dicen los Teólogos y Lumen Gentium.
LEFEBVRE: Dime de nuevo aquello de que puedo guardar reservas sobre algunas doctrinas.
P. ROYO MARÍN: Claro que puede hacerlo. Si en conciencia Ud. piensa que una doctrina no definitiva, que ciertamente no está protegida por el carisma de la Infalibilidad Magisterial, es errónea, entonces puede guardar cautas reservas. La conciencia es el sagrario del hombre, enseña Lumen Gentium. Lo que no puede hacer es pontificar su opinión privada y generar división pública contra la autoridad eclesial. Eso no se puede. Es imprudente. Porque si no, se convertiría en Protestante. ¿Quién le confirma que Ud. está equivocado o en lo cierto? Usted puede diferir sobre algo no definitivo o non de fide, pero debe ser prudente. En todo caso puede manifestar sus dudas con prudencia a los Obispos y al Papa y pedir aclaraciones.
LEFEBVRE: Ya veo.
…
…
P. AMORTH: ¿Está bien, Monseñor? Aquí hay más agua.
LEFEBVRE: Sí, sí, estoy bien. Solo que no había pensado en estas cosas. No sé qué decir. Debo meditar sobre todo esto. Pero dígame, Padre, ¿por qué decía Ud. que yo acepto el Vaticano II, si es claro que no lo he hecho ni lo hago?
P. AMORTH: Pues porque Ud. y su Fraternidad profesan en su praxis todas esas doctrinas que Ud. condena en la teoría.
P. ROYO MARÍN: Interesante. Explíquese, Padre.
P. AMORTH: Es muy claro para mí. O al menos se me ocurrió hace un rato mientras hablaban y yo rezaba el Rosario. Usted condena la colegialidad de los Obispos, o sea, como dice Lumen Gentium, que el Colegio Episcopal unido al Papa también sea sujeto de la Suprema Jurisdicción Eclesiástica. Pero los Obispos de su Fraternidad, que ni siquiera tienen comunión con Roma, operan de facto como si tuvieran una jurisdicción universalísima, pues son como sus propios Papas y van por todo el mundo fundando prioratos y capillas sin ninguna autoridad ni envío. O sea que de facto actúan como si tuvieran un poder "colegial" infinito, aunque no tienen nada.
LEFEBVRE: Continúa.
P. AMORTH: Muy bien: usted condena la libertad religiosa, pero su Fraternidad opera por todo el mundo con total libertad, una libertad religiosa que no posee, una libertad autoadjudicada. Ustedes ni siquiera son parte de la Iglesia Apostólica Romana pero no solo exigen el derecho de todos los fieles de participar de sus Misas, sino que prohíben expresamente bajo pena de pecado mortal el asistir a otra Misa que no sea la suya, aunque sea la Misa que Ud. llama Tradicional. Usted condena la libertad religiosa porque dice que el Concilio ha puesto a la verdadera Iglesia al mismo nivel que las sectas, pero su Fraternidad parece haberse convertido en una de ellas.
LEFEBVRE: Queda el ecumenismo. Adelante.
P. AMORTH: Eso es lo que ya dijimos. A Ud. no le gusta aquello de Lumen Gentium de que la Iglesia de Cristo subsistit in la Iglesia Católica. Pero según su lógica, su discurso y su praxis colegial y de libertinaje religioso, usted afirma implícitamente que la Iglesia de Cristo subsiste en su secta. Digo, en su Fraternidad.
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P. AMORTH: Eso es lo que recuerdo de nuestro diálogo con el Obispo Lefebvre, hijo. Espero que te sirva de algo. Ya no recuerdo cuál era tu pregunta.
JÓVEN CATÓLICO PERPLEJO: Fascinante, Padre. Impresionante. Gracias por contarme esto. Me aclara mucho mis dudas. Mi pregunta era si la obra de Lefebvre era de Dios o del demonio. Ahora veo que hay que hacer distinciones. Pues efectivamente hay cosas de Dios porque tienen algunos sacramentos válidos.
P. AMORTH: Exacto. Bien dicho. Veo que has sacado algo de esto que te he contado.
JÓVEN CATÓLICO: Gracias, Padre. Muchas gracias. Esto que me ha contado me ha traído mucha paz. Me siento más tranquilo. Y experimento como una confirmación en mi fe en la Iglesia Católica.
P. AMORTH: Es buen signo, hijo. Es buen signo. Tú no te preocupes por nada. Ejercita el Santo Abandono. Busca la ciencia del instante presente. Busca realizar la Voluntad Divina a cada instante. Y todo lo demás se dará por añadidura. Deja todo en manos del Señor. Él solucionará las crisis mediante sus medios ordinarios, o mediante legítimos y auténticos medios extraordinarios. Pero tú no debes preocuparte. Sigue el consejo del Apóstol: ejercítate en la piedad, y déjate de cuentos de viejas.
JÓVEN CATÓLICO: Gracias, Padre. Creo que dedicaré un tiempo al silencio y a la oración. Dejaré de ver las noticias por un tiempo y dejaré todos estos temas sobre el Concilio y la Misa a un lado. Me armaré con la Palabra de Dios, con los Sacramentos, con los libros de los santos, y haré apostolado activo.
P. AMORTH: Bien dicho, hijo. Y recibe mi bendición: Benedictio Dei omnipotentis Patris et Filii et Spiritus Sancti descendat super te et maneat semper.
JÓVEN CATÓLICO: Amen.
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Merus Catholicus
AMDG
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