Diálogos Lefebvristas, Tomistas y Exorcísticos - Prima Pars (1/4)

 Diálogo entre Lefebvre, P. Amorth y P. Royo Marín O.P. - Parte 1 (de 4)


Nota Praevia: Ninguno de estos diálogos existió realmente.


JOVEN CATOLICO PERPLEJO: Buenas tardes, Padre, gracias por recibirme. Hace mucho que vengo con dudas sobre la FSSPX y M. Lefebvre y en verdad esperaba poder hablar con alguien de autoridad sobre estas cuestiones. Y estoy seguro de que nadie podrá decir de usted que es modernista o progresista.


P. AMORTH: Bienvenido, hijo. Con gusto te ayudaré, con la ayuda del Buen Dios. Pero antes que nada debo decir que yo no soy ninguna autoridad en la materia. Soy tan solo un pobre sacerdote que busca hacer las cosas como Dios manda. Y respecto a lo que me dices del modernismo y el progresismo, debo señalar que el demonio puede hacer decir a cualquiera cualquier cosa. Yo solo pido al buen Dios nunca caer en ninguna herejía.


JOVEN CATOLICO PERPLEJO: Gracias, Padre, en verdad, por su disponibilidad. Quisiera entonces ir directo al grano. Usted es un hombre de Dios, y según cuentan las últimas estadísticas, ha realizado más de 70.000 exorcismos en toda su vida. Por lo tanto, creo que sabrá decirme con claridad si la obra de Mons. Lefebvre procede de Dios o del demonio.


P. AMORTH: Mira, hijo, no todo es blanco y negro. Creo que ciertamente hay elementos de la gracia divina, como también evidentes ardides del Enemigo en la obra de Mons. Lefebvre. Mira, te diré algo que no suelo comentar mucho y que creo que la mayoría de los interesados en estos temas no conocen. Resulta que allá por el 90, Monseñor Lefebvre pidió vernos tanto a mí como al Padre Royo Marín, ya sabes, el buen teólogo español de la Orden de Predicadores. El P. Lefebvre tenía algunas dudas sobre las cosas que estaban aconteciendo en su fundación y en la Iglesia, y pidió vernos y dialogar con nosotros. Pues bien, como te decía, este tema tiene algunos matices, y por esto te refiero a aquella anécdota con el P. Royo Marín (que Dios lo tenga en Su Gloria, por cierto), puesto que él, como buen tomista, solía repetir mucho aquella frase de Tomás de que es preciso distinguir. Él lo decía en latín: “oportet distinguere”. Recuerdo que aquella vez con Monseñor lo dijo muchas veces; y ahora que tú me consultas, yo lo repito. Te contaré, pues, algunas cosas de aquella conversación con M. Lefebvre y el P. Royo Marín.


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P. ROYO MARÍN: ¿A usted qué le parece, Padre? ¿Debemos dirigirnos al Padre Lefebvre con el título de Monseñor? Le pregunto esto porque, stricto sensu, “Monseñor” quiere decir “Mi Señor”, y el P. Lefebvre está excomulgado. Y yo jamás trataría a alguien en tal estado como “mi Señor”.


P. AMORTH: Es un buen punto, Padre. No lo sé. Digámosle “Monseñor” por las dudas.


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LEFEBVRE: Muy estimados, gracias por recibirme. Hemos intercambiado algunas cartas, pero creo que nada podía reempĺazar el encuentro personal. Verán: ya han pasado aproximadamente dos décadas desde que fundé la Fraternidad, y no quería dejar pasar la ocasión de dialogar con un buen teólogo tomista y con un buen exorcista sobre los acontecimientos que he vivido.


P. AMORTH Y P. ROYO MARÍN: Encantados de serle de alguna ayuda.


LEFEBVRE: Muy bien, hermanos. Ya saben cómo está la cosa. Roma se ha vuelto modernista. Todo huele a modernismo. Pero encuentro en ustedes… ¿cómo decirlo? “Buena madera”, eso es. Ustedes tienen buena madera. Quisiera consultarles algunas cosas, puesto que en la Fraternidad se están formando algunas pequeñas divisiones. Algunos empiezan a criticarnos suavemente de ir contra ciertos principios tradicionales de la teología, y por eso quería verlo especialmente a Ud., P. Royo Marín. Pero no solo ocurre ese absurdo, sino que hay otros que a esa desdichada crítica le añaden la duda de si lo que estamos haciendo viene realmente de Dios, o si es un ardid del demonio para confundir a las almas. Son cosas absurdas, por supuesto, pero quería reunirme con ustedes para darle tranquilidad a los seminaristas, es decir, que vean que estoy bien asesorado.


P. ROYO MARÍN: Interesante, Padre, eh, ¡disculpe! Quise decir “Monseñor”. Interesante, Monseñor. Siempre es bueno dialogar. He tenido buenas experiencias en esta materia del diálogo y de la consulta entre hermanos sacerdotes. Recuerdo especialmente una vez que me visitó un sacerdote argentino, el P. Buela. Él tenía algunas dudas sobre la teología de la vocación, y tuvimos un fructuoso encuentro. Sin embargo debo advertirle que yo no soy un teólogo en sentido estricto, sino un mero y modesto divulgador. Pero entonces, volviendo a la cuestión, quisiera en primer lugar preguntarle de qué lo acusan. Es decir: en qué puntos se supone que usted o la FSSPX tienen una mala teología.


LEFEBVRE: Pues son muchas cosas, Padre, desafortunadamente. ¡Estos pequeños seminaristas creen que pueden ir en contra de un Doctor en Teología y Misionero en África! Le iré diciendo lo que vaya recordando. En primer lugar, hay muchos que dicen que nosotros no tenemos ninguna autoridad para hacer lo que hacemos. A ellos les gusta hablar del tema del envío por parte de la Iglesia. A veces se ponen muy juridicistas a mi gusto, pues emplean el término de “misión canónica” o “misión jurídica”, y dicen que nosotros no tenemos ninguna. Estos seminaristas no creo que duren mucho en la Fraternidad.


P. ROYO MARÍN: Entiendo, Monseñor. Y déjeme preguntarle: ¿Ud. cree que tiene una misión canónica o jurídica?


LEFEBVRE: Pues claro que sí. La Misma Sma. Virgen me ha profetizado en Ecuador hace siglos. Ella habló del modernismo y de que vendría un Prelado de buena doctrina a solucionar la crisis de la Iglesia. O sea que es evidente que Cristo me ha enviado para salvar a Su Iglesia en estos funestos tiempos. Pero, a decir verdad, me preocupa un poco eso de la misión jurídica. Temo que mis seminaristas se estén contagiando de teología positivista y neomodernista. ¿Cómo definiría Ud., técnicamente, el concepto de “misión canónica-jurídica”?


P. ROYO MARÍN: Entiendo. Muy bien: no tiene por qué temer. Es terminología 100% católica. Tanto el Magisterio como la buena teología preconciliares lo utilizan. Y, para simplificar, debo decir que los términos “misión canónica” y “misión jurídica” son equivalentes. Se refieren a la misión concreta que un clérigo recibe de parte de Dios a través de la legítima autoridad eclesiástica. Es estrictamente necesario que cualquier clérigo que desee ejercer su ministerio haya sido enviado por una legítima autoridad canónica.


LEFEBVRE: Padre, no le quiero faltar el respeto, pero eso de “canónico” me suena muy legalista.


P. ROYO MARÍN: Oh, no se preocupe. Es por cierto un término del que se puede abusar. Pero aquí estamos usándolo como lo hace el Cánon VII de la Sesión XXIII del Concilio de Trento en su Tratado sobre el Sacramento del Orden.


LEFEBVRE: Oh, entonces se trata de un término católico y tradicional. ¿Y qué dice Trento?


P. ROYO MARÍN: Trento dice que debe ser excomulgado o anatematizado cualquiera que dijere que los Obispos que no han sido debidamente enviados por potestad eclesiástica ni canónica, son legítimos ministros de la predicación y los Sacramentos. Y dice que cualquier Prelado sin misión es un ladrón y salteador, y que viene “de otra parte” y no del rebaño del Señor.


LEFEBVRE: Son fuertes las palabras de Trento. Gracias por referírmelas, Padre. ¿A esta misión canónica también se la llama “misión eclesiástica”?


P. ROYO MARÍN: Sí, efectivamente es así. Suelen ser equivalentes los términos “misión canónica, jurídica, eclesiástica”... incluso algunos teólogos hablan en el mismo sentido de “misión divina”, pues es Dios el que envía por medio de la Iglesia por Él fundada y gobernada a través de sus legítimos ministros.


LEFEBVRE: Ahora que me lo dices, recuerdo que el Papa Pablo VI me habló de esto en una de sus cartas… creo que era en una en las que me pedía que no continuara ordenando sacerdotes. Recuerdo que él me dijo que yo y la FSSPX teníamos una mala eclesiología. Es curioso porque es lo mismo que está empezando a comentarse en la Fraternidad. No entiendo bien eso de que tenemos una mala eclesiología. No puede ser verdad, puesto que nosotros somos los únicos que conservamos la ortodoxia de la Iglesia en la actualidad. Incluso nuestra fundación fue aprobada por un Obispo en 1970.


P. ROYO MARÍN: Recuerdo lo de la aprobación, Monseñor. Pero también recuerdo que el Papa Pablo VI suprimió la FSSPX. O sea que parece que desde esa supresión, que no recuerdo si fue en el ‘76 o ‘75, la FSSPX no tiene estatus canónico, o sea, no tiene misión, esto es, ya no puede ser considerada como enviada por la Iglesia.


LEFEBVRE: Padre, no se ponga tan violento. Además, esa supresión de Pablo VI fue claramente inválida. Todos nuestros estudiosos lo reconocen.


P. ROYO MARÍN: Monseñor, con todo respeto, yo aquí hago mías las palabras de Santa Teresita de Lisieux: “yo siempre digo toda la verdad. Al que no le guste, que no venga a buscarme”. Respecto a lo que sus estudiosos dicen, no parece ser una opinión muy imparcial. Si sus estudiosos son de su grupo, tiene sentido que digan lo que a ustedes conviene. Pero déjeme decirle algo más sobre esto. La FSSPX fue erigida como una Unión Pía experimental con una duración jurídica de 5 o 6 años. Sabemos todo esto con el P. Amorth porque nos hemos puesto al día con su situación. Decía, entonces, que incluso si fuera verdad que la supresión de Pablo VI fue inválida, la FSSPX tenía duración por 5 o 6 años, y nunca se le renovó el estatus canónico. O sea, de todos modos, la existencia jurídica de la FSSPX ya venció, no existe más, independientemente del juicio del Santo Padre Pablo VI.


LEFEBVRE: ¿Cómo osa decir algo así? ¿Usted me está diciendo que la FSSPX no existe jurídicamente? ¿Que, jurídica, canónicamente hablando, la FSSPX no es parte de la Iglesia Católica Apostólica Romana?


P. ROYO MARÍN: Efectivamente, eso digo.


LEFEBVRE: Sospechaba de su legalismo jurídico y de hecho por eso prohibí la lectura de su Teología Moral para Seglares en mis seminarios.


P. ROYO MARÍN: ¡Hombre! Digo, ¡Monseñor! Pero si todos los manuales de Teología preconciliares enseñan que la Iglesia Católica es una institución de naturaleza jurídica por derecho divino. Incluso lo dice S. S. León XIII en Satis Cognitum, un documento que le recomiendo meditar. Es sobre eclesiología. También lo dice Pío XII en Mystici Corporis Christi, otro documento que le recomiendo repasar.


LEFEBVRE: Por favor, Padre, déjese de legalismos. ¿Acaso no es evidente que en la tremenda crisis actual de la Iglesia existe un estado de necesidad imperioso que nos obliga a hacer lo que hacemos? Más aún: nosotros tenemos una misión dada por la Iglesia de siempre, por la Roma Eterna.


P. ROYO MARÍN: Comprendo ahora por qué Pablo VI le advertía sobre la eclesiología. Mire, Monseñor: el mismo Pío XII, alguien que ciertamente Ud. no podrá criticar como modernista, puesto que él mismo combatió a los modernistas -por ejemplo con su Humani Generis-, Pío XII, digo, dice que es herético separar la Roma Eterna de la Roma actual, la del Papa actual. Es como una especie de dualismo eclesiológico absolutamente inaceptable desde todo punto de vista. Me hace acordar a todos los herejes y cismáticos de la historia. Como ellos no tenían misión de parte del Papa, declaraban haber sido enviados directamente por Cristo. ¡Menuda tontería!


LEFEBVRE: Interesante, Padre. ¿Podría decirme algo más sobre eso de haber sido enviados directamente por Cristo? Es algo que me gustó cuando lo oí salir de su boca. Y dígame algo más también, por favor: ¿Dónde es que Pío XII habla de las dos Romas? Empiezo a pensar que la crisis puede haber comenzado por Pío XII y no estrictamente en el Vaticano II. Porque evidentemente las enseñanzas de este Pontífice contradicen la obra de la FSSPX, y nosotros somos los guardianes de la Tradición. Pienso que al atacar a los modernistas, Pío XII puede haberse contagiado en alguna medida de su perniciosa doctrina.


P. ROYO MARÍN: Pío XII condena esa separación entre la Roma eterna y la Roma temporal en Mystici Corporis Christi, la encíclica que le mencioné antes. Se la recomiendo acaloradamente. Y respecto a lo que me pregunta sobre el envío directo por Cristo: es, en efecto, una misión que ha existido en la Historia de la Iglesia y los teólogos ciertamente hablan de ella. Se le llama misión extraordinaria, en contraste con la misión canónica, que es la misión común u ordinaria. Quiero decir que lo común es que cada uno sea enviado de modo mediato por un ministro católico con la debida autoridad. Sin embargo, existen casos en que por ciertas circunstancias uno es enviado de modo extraordinario, de modo directo por el mismo Cristo. Es el caso, por ejemplo, de San Vicente Ferrer o de los Profetas de la Antigua Alianza.


LEFEBVRE: ¡Ahí está! Usted lo ha dicho, Padre. Nosotros, la FSSPX y yo, tenemos una misión directa de Cristo. Es evidente. Es clarísimo. La Iglesia está perdida y Cristo quiere salvarla por medio de la FSSPX. Y como la Iglesia es modernista, y no nos enviarán de modo ordinario, entonces Cristo nos ha enviado de modo extraordinario, de modo directo.


P. ROYO MARÍN: ¿Y por qué está tan seguro de eso?


LEFEBVRE: Pues porque solamente estamos haciendo lo que la Iglesia siempre hizo, y nadie más lo hace. Además yo me siento con mucha paz siempre que hago ordenaciones en contra del mandato de Roma.


P. ROYO MARÍN: Mire, Padre. Perdón, Monseñor. Mire, Monseñor. No es que desconfíe de su juicio privado o de sus sensaciones espirituales, pero es que yo debo ser fiel a la teología de siempre.


LEFEBVRE: ¿Qué es lo que quieres decir? Padre Amorth, en unos minutos le pediré su opinión sobre todo esto.


P. ROYO MARÍN: Quiero decir que cuando los teólogos hablan de la misión extraordinaria que Ud. dice tener, dicen que esta supuesta misión tiene que estar corroborada por milagros evidentes y juzgados tales por la Iglesia, o tal ministerio tiene que estar respaldado por algún pasaje explícito de la Sagrada Escritura.


LEFEBVRE: Pero la Vírgen del Buen Suceso habló de mí, y nosotros realizamos milagros todo el tiempo. Cada Misa que ofrecemos es un milagro de valor infinito.


P. ROYO MARÍN: Mire, Padre. No es que yo quiera ser exigente por demás, pero si el mismo Jesucristo tuvo que justificar su misión extraordinaria por medio de pasajes de la Sagrada Escritura y mediante milagros, al igual que todos los Santos Profetas, Ud. entonces deberá seguir el mismo criterio. Y no recuerdo ningún pasaje de la Sagrada Escritura que lo mencione a Ud. ni a la FSSPX. Respecto a los milagros, se refiere a curaciones milagrosas o cosas por el estilo, como las que hacía Cristo. Cualquier sacerdote, aunque no tenga misión, puede celebrar Misas. Y respecto a la Profecía de Ecuador, entiendo su alta autoestima, pero la Santísima Virgen habló de un Prelado y no dio su nombre, y dijo que combatiría el modernismo. Ahora bien, todas las deficiencias eclesiológicas de las que hemos conversado son ciertamente de naturaleza modernista y protestante, de modo que no considero aceptable decir que Ud. es aquél Prelado profetizado por la Sma. Virgen, más bien, diría que es evidente lo contrario.


LEFEBVRE: Pero, ¿entonces la FSSPX no tiene misión?


P. ROYO MARÍN: Ciertamente no tienen misión ordinaria, canónica, y mucho menos misión extraordinaria, de modo que puede hacer las matemáticas.


LEFEBVRE: ¡¡¡¿¿¿Entonces la FSSPX no tiene misión en absoluto???!!!


P. ROYO MARÍN: En efecto.


LEFEBVRE: ¿Y cómo explicas todos los buenos frutos que salen de nuestra Fraternidad? Tenemos los Sacramentos, tenemos la Santa Misa, tenemos mucha feligresía, preservamos la Misa de Siempre, la doctrina de los antiguos catecismos, tenemos muchas vocaciones, etc.?


P. ROYO MARÍN: Ciertamente el caso concreto de su Fraternidad confirma la doctrina del Concilio Vaticano II de que el Espíritu Santo actúa de modo misterioso en los grupos cristianos que no están en comunión plena con la Iglesia. Y también aquello de que la Iglesia verdadera subsiste en la Iglesia Católica.


LEFEBVRE: Oh, ¡no me venga con ese cuento de la comunión plena! ¡Eso es un invento conciliar! 


P. AMORTH: Disculpen que interrumpa, pero yo creo que esa terminología de “comunión plena” y “comunión imperfecta” es muy atinada. Lo compruebo en mis exorcismos a diario. Quiero decir que no todo es blanco y negro: así como hay grados en la influencia demoníaca, esto es, uno puede estar más o menos asediado por el Enemigo, así también hay grados de comunión con la Sede de San Pedro.


P. ROYO MARÍN: ¡Evidente! ¡Esa es una analogía digna del Divino Tomás! Evidente. Quiero decir: uno puede creer lo mismo que cree la Iglesia pero estar suspendido. O puede tener algunos Sacramentos válidos y otros no, como ocurre con las sectas protestantes. Y así hay muchos ejemplos.


LEFEBVRE: Entonces el Concilio tiene razón. ¡Es imposible!


P. AMORTH: Aprovecho mi intervención para advertirle algo más. Reconozco que no entendí todo lo que el P. Royo Marín le explicó. Estoy un poco cansado después de una semana de constante combate espiritual, y además estaba rezando el Santo Rosario en silencio. No obstante, recordé algo que siempre nos enseñaban nuestros maestros exorcistas, y que yo compruebo constantemente en la práctica de los exorcismos y en el diálogo con los posesos: en el combate espiritual, la autoridad eclesiástica, esto es, el verdadero poder eclesiástico, lo es todo. Si alguien se entromete en asuntos de Iglesia, concernientes a la continuación del Misterio de la Redención y Encarnación de Nuestro Señor, y a la salvación de las almas por medio de los Sacramentos, sin haber sido legítimamente enviado, eso es muy peligroso. Cualquiera que se entrometiera en la labor sacerdotal y eclesiástica sin misión, sería caldo de cultivo para la influencia demoníaca. Dicho en pocas palabras: si uno se lanza a predicar y a misionar sin misión, se entrega directamente a la influencia demoníaca. Al mismo tiempo y dicho en paralelo: los demonios temen infinitamente la legítima potestad eclesiástica, aunque el que la posea sea el peor de los pecadores, porque reconocen en esa potestad la misma Potestad de Cristo, el mismo Poder del Señor, que es continuado en la Verdadera Iglesia. Por eso es tan peligroso que alguien que no es exorcista se atreva a intentar expulsar demonios.


P. ROYO MARÍN: Exacto, Padre. Por eso el Sacrosanto Concilio de Trento excomulga a los Obispos sin misión canónica.


LEFEBVRE: ¿Ustedes son modernistas?

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Continuará…

Merus Catholicus

AMDG

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