Diálogos Lefebvristas, Tomistas y Exorcísticos - Tertia Pars (3/4)
Diálogo entre Lefebvre, P. Amorth y P. Royo Marín - Tertia Pars (3/4)
Introito: Estos diálogos no ocurrieron in rerum naturae
LEFEBVRE: Espere, P. Royo Marín. Antes de que avance con su intento de refutación teológica, déjeme decirle algo: yo no estoy de acuerdo con Ud., como Ud. dijo que lo estaba, en que no tenemos misión. Sostengo firmemente que, puesto que la “misión canónica” es un tema del derecho canónico, y puesto que la ley primera y fundamental del derecho eclesiástico es la salvación de las almas, luego estamos justificados por el mismísimo derecho canónico a operar sin misión. Bueno, en realidad, sí estoy de acuerdo en que no tenemos misión, ¡pero sostengo firmemente que estamos justificados!
P. ROYO MARÍN: Estimado Monseñor: entiendo su razonamiento y su lógica. Tiene sentido. Pero es preciso hacer distinciones. Ud. parte de una premisa errónea, lo cual hace que su lógica, aunque correcta formalmente, sea falsa materialiter loquendo. En efecto, Ud. dice que aquello de la missio canonica es materia de derecho canónico, y aquí es donde hay que matizar: es verdad que es materia de derecho canónico, pero esta materia se funda en el derecho divino, en la ley divina instituida por el Mismo Cristo. Los libros antiguos lo explican bien, pero yo lo resumiré: Así como el Padre envía al Hijo, así el Hijo envía a Sus Apóstoles, y estos a sus Sucesores, y estos a todo clérigo. ¿Ve? ¿Ve cómo la misión canónica de los clérigos tiene su raíz más pura y honda en las Misiones Trinitarias? No quiero extenderme. Solo le pido que anote lo siguiente: todo esto no es invento mío, sino que es lo que siempre ha enseñado la Iglesia. Aproveche, pues, sus tardes de primavera para hurgar en los siguientes documentos, que imagino estarán en las bibliotecas de sus seminarios: Ad Apostolorum Principis, de Pío XII, Quartus Supra, del Venerable Pío IX. Bueno, no sé si para Ud. es Venerable porque fue el Papa Juan Pablo II quien lo elevó a tal dignidad. Pero sigamos: También está Etsi Multa, del Venerable Pío IX, y Charitas, de Pío VI. Se trata de lo que me gusta llamar la Tetralogía Eclesiológica Anticismática del Magisterio Católico Tradicional Preconciliar. A veces le digo TEAM para simplificarlo en mis predicaciones.
LEFEBVRE: Gracias. Armaré una comisión de estudiosos de la FSSPX para que elaboren algún trabajo sobre el TEAM. Mons. Williamson estará a la cabeza. Él es nuestro mejor teólogo. También hay un jovencito argentino a quien le gusta estudiar, lo cual me preocupa un poco, debo decir: es el P. Calderón. También le enviaré estos documentos.
P. ROYO MARÍN: Me parece muy bien. Es, en efecto, tema de tesis para un doctorado. Yo la titularía así: “La misión canónica está fundada en el Derecho Divino”, o: “Nadie puede ser un ministro católico sin misión canónica”. Pero, volviendo: lo que le quiero dejar en claro es que no existe ningún estado de necesidad que justifique un ministerio católico sin misión. Es imposible. Sería posible si la misión fuera materia de ley meramente eclesiástica humana, pero no es así. Ese es el error material de su lógica que yo le señalaba. La verdad es que la misión es materia de ley divina, y la ley divina prevé todas las emergencias y todas las necesidades. Apartarse de lo que Dios manda para solucionar una crisis eclesiástica, atacando la divina institución de la Iglesia, no es ninguna solución sino precisamente un ulterior ataque y expansión de la crisis. Mire, me atreveré a decirle algo más. Ud. sabe que he escrito mucho sobre la vida espiritual. Quiero recomendarle en estos tiempos de crisis que profundice sobre el Santo Abandono en la Divina Providencia. No se preocupe por la crisis de la Iglesia. Quizás esto suene duro, pero a lo mejor sirva que alguien se lo diga: Ud. no es el Mesías ni el Salvador de la Iglesia. La Ley Divina del Señor, que exige operar con una misión, prevé todas las emergencias. El Señor se encargará de solucionar la crisis. Si la Iglesia Católica es la verdadera Iglesia fundada directamente por el Señor, entonces no hará falta alterar su constitución divina y ordinaria ordenando sacerdotes ilícitamente por todo el mundo. ¿Comprende lo que intento transmitirle?
LEFEBVRE: Sus palabras son muy duras, pero son aleccionadoras y traen paz a mi espíritu. Es una paz distinta a la que sentía cuando ordenaba sacerdotes y obispos contra la voluntad del Papa. Le agradezco, Padre. Creo que empiezo a comprender que el tema de la misión en que tanto me insisten no es algo de legalismos o juridicismos sino que tiene que ver con los Designios Eternos de la Divina Sabiduría.
P. AMORTH: Amén. ¡Mi rezo del Santo Rosario en silencio está dando fruto!
LEFEBVRE: Prosiga, P. Royo Marín, con lo que tenía que decirme sobre la FSSPX y las 4 notas de la Iglesia: la Unidad, la Santidad, la Catolicidad y la Apostolicidad.
P. ROYO MARÍN: Con mucho gusto lo haré. Y lo haré de modo sencillo. En primer lugar, la FSSPX no es en absoluto Una sino que, al contrario, está condenada al divisionismo ad infinitum al mejor estilo Protestante. Quizás todavía no vea esto, pero deje pasar algunos años más y lo empezará a ver. Me explico: cuando se pierde la unión con la Cátedra de Pedro se pierde toda posibilidad de unidad. Cada uno se vuelve su propio juez y así es como se generan las sectas. Así como Ud. decidió ordenar sacerdotes y Obispos sin autoridad ni misión para hacerlo, fundando su propia Orden con sus propios Obispos, así también en cualquier momento alguno de sus miembros podría comenzar a juzgar que Ud. se volvió modernista -y creo que ese es el preciso motivo por el cual vino a consultarnos al P. Amorth y a mí hoy- y entonces podría ordenar más Obispos y fundar su propia orden, y así indefinidamente. Entonces, la FSSPX no es Una. Es absolutamente imposible que sea Una a menos que participe de modo pleno de la Unidad Suprema de la Cátedra de San Pedro.
LEFEBVRE: Lo veo. Es lo que les pasa a las sectas protestantes. No, nosotros no queremos ser eso. Queremos estar unidos a Roma. Veré cómo solucionar ese asunto. Dígame, entonces, por qué la FSSPX no tiene la nota de Santidad.
P. AMORTH: Déjenme contestar esta, por favor. Monseñor, la respuesta es evidente. Ustedes son cismáticos. El cisma es pecado contra la caridad, y la santidad consiste en la caridad. Lo sé porque los primeros cismáticos del Reino de Dios fueron los demonios.
P. ROYO MARÍN: Eso lo enseña Santo Tomás en la Summa Theologiae, II-II, q. 39. Allí trata sobre el cisma en relación con la virtud teologal de la caridad, y como Ud. bien dice, P. Amorth, se le opone directamente.
LEFEBVRE: ¡Pero por favor! ¡Nosotros no somos cismáticos! Solo queremos hacer lo mejor para la Iglesia y para Dios.
P. AMORTH: Bueno. El Papa dice que son cismáticos, y de hecho lo son porque ordenar obispos contra el expreso mandato del Papa es un acto per se cismático. P. Royo Marín, ¿estoy usando bien la terminología tomista? ¿Eso de “per se” y “per accidentem”?
P. ROYO MARÍN: “Per accidens”, no “per accidentem”. Sí, Padre, está hablando rectamente. Mire, yo no me metería ahora en el tema del cisma. Si me hacen la caridad de leer la tetralogía anticismática verán que el Padre Amorth tiene razón sobre el carácter cismático de toda la FSSPX. Pero además de eso, que evidentemente atenta contra la santidad, quisiera añadir que la santidad exige la pureza de doctrina, y ustedes, Monseñor, no tienen pureza de doctrina. Al contrario: como bien dicen los seminaristas que mencionó, ustedes se equivocan en varios puntos teológicos y doctrinales. Por eso decía yo que la FSSPX no es Santa.
LEFEBVRE: Me duele lo que escucho.
P. ROYO MARÍN: Continuando: que no son Católicos es más que evidente. Ya hemos visto cómo no son parte de la Iglesia Católica. Pero tomando la nota de Catolicidad en su sentido primitivo de universalidad, es evidente que ustedes no son Católicos ni pueden serlo porque de ninguna manera pueden alcanzar a la universalidad de las almas. Eso requeriría que fueran la Iglesia Católica, pero no lo son. Son la FSSPX. Tendrán muchas vocaciones, como Ud. dice, pero no pueden alcanzar todas las almas. Necesariamente ustedes necesitan -valga la redundancia- del ministerio de lo que ustedes llaman “la Iglesia Conciliar” para alcanzar a todas las almas. Si la Iglesia subsistiera en la FSSPX, como Ud. indica con otras palabras, o si solo la FSSPX fuera la Católica, luego efectivamente la Iglesia fundada por Cristo habría defeccionado, porque se habría vuelto incapaz de alcanzar a todas las almas del orbe. Esto iría contra las Promesas del Divino Redentor. Por lo tanto, la FSSPX no es Católica en sentido estricto.
LEFEBVRE: Entiendo. Falta entonces la Apostolicidad.
P. ROYO MARÍN: Esta también es muy fácil, pero es preciso distinguir nuevamente entre lo material y lo formal. La apostolicidad refiere a la sucesión apostólica. Y los teólogos preconciliares enseñan que la sucesión apostólica puede ser material o formal, y que solo se da auténtica sucesión apostólica cuando esta es material y formal. O sea, cuando falta el aspecto formal, la sucesión apostólica es solo material y queda informe o -si cabe la expresión- indeterminada, puesto que la forma es principio determinante.
LEFEBVRE: ¿Y cuál es la materia de la sucesión apostólica?
P. AMORTH: Pienso que la ordenación episcopal válida.
P. ROYO MARÍN: Es correcto. Cuando un Obispo ordena obispos, se cumple el aspecto material de la sucesión. Pero para que esa sucesión no sea una pseudo-sucesión, para que sea auténtica sucesión, tiene que darse lo formal.
LEFEBVRE: No, no puede ser.
P. AMORTH: ¿Qué ocurre, Monseñor?
LEFEBVRE: Tráiganme un poco de agua, por favor. P. Amorth, continúe sus Rosarios.
P. ROYO MARÍN: Monseñor, no nos asuste. ¿Qué es lo que ocurre?
LEFEBVRE: Ya lo veo. Ya veo cuál es el aspecto formal de la sucesión apostólica. ¡Es la misión canónica dada por un obispo legítimo! Es lo que garantiza la unidad en la Iglesia. Padre, ¡la misión canónica lo es todo! ¡Con razón estos absurdos sedevacantistas se dividen a cada rato!
P. ROYO MARÍN: Monseñor, no quiero ser irrespetuoso, pero debo notar dos cosas. Primero: la misión canónica no “lo es todo”. Empiezo a ver que Ud. tiene cierta manía por caer en los extremos. No, no. La misión canónica es muy importante. Pero hay que entenderla bien. Por otro lado, me sorprende que hable así del sedevacantismo…
P. AMORTH: Todos los sedevacantistas que conozco han salido de la FSSPX.
P. ROYO MARÍN: A eso iba, Padre. El sedevacantismo en gran medida ha salido de la FSSPX, Monseñor. Es lo que decíamos antes: algunos empiezan a juzgar que Ud. o que la FSSPX se ha vuelto modernista, entonces se hacen ordenar Obispos por algún Obispo que ha perdido la razón, y comienzan su propia secta.
LEFEBVRE: Claro, lo veo. Lo comprendo. Estos sedevacantistas tienen sucesión material pero no formal. Pero, entonces, ¿en qué nos distinguimos nosotros de ellos? ¿O de cualquier obispo que pierda la cabeza y comience su propia Iglesia con sus propios Obispos?
P. AMORTH: Pues en nada. Eso es lo que ha hecho Ud. precisamente.
P. ROYO MARÍN: P. Gabriele: vaya un poco más despacio. Monseñor no está bien. Monseñor, ¿quiere más agua? Ve a traerle más, Gabriele, por favor. Mire, Monseñor: en lo que respecta al estatus eclesial, canónico, jurídico de la FSSPX, ustedes están en las mismas condiciones que cualquier Obispo que funde su propia jerarquía. Es decir, lisa y llanamente: ustedes NO son Católicos. Y nadie los ha forzado. Ustedes se apartaron solos durante los últimos 15 años.
LEFEBVRE: Es que queríamos decir la Misa de siempre…
P. AMORTH: Aquí hay más agua. Pero Monseñor: ustedes estaban habilitados para decir esa Misa y para formar seminaristas en ese rito.
LEFEBVRE: Es verdad. Tienes razón. Ha pasado tanto tiempo. Qué bueno que estudiaron bien la historia de la FSSPX. Han pasado tantas cosas y yo estoy algo viejo: hay cosas que se me escapan, me olvido de otras… El tema no es la Misa. El tema es ese maldito Concilio inventado por el Papa Juan. Ese es el tema, Padre. Ahí está. Tiene razón con todo lo de la misión. Pero es ese Concilio Vaticano II. Ese maldito Concilio lo arruinó todo. Y nosotros debimos combatirlo. ¡Sí, ahí está! Por eso me empeñé en consagrar tantos sacerdotes y obispos. Valió la pena. ¡Valió toda la pena por ese maldito Concilio!
P. ROYO MARÍN: P. Gabriele, póngase a rezar el Santo Rosario otra vez, por favor. Monseñor: ha llegado el momento de hacer distinciones sobre el Concilio Vaticano II.
Continuará
Merus Catholicus
AMDG
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